13 julio 2006

De guerreros, caminos, descansos y risas en el taller del diablo

Retazos de contracultura, la obra de Carlos Castaneda propuso un rescate del chamanismo en los ‘60 y ‘70. La visión de la vida que percibe vivo a todo lo existente y amplía los límites del mundo hasta el infinito, considerando ilimitados los mundos existentes.
Así, lo que llamamos realidad es producto de nuestra percepción, que va cerrándose y concretándose, poco a poco y según vamos creciendo, en torno a la pequeña realidad cotidiana en la que se mueve la mayoría de la gente, consensuándola entre todos como la única existente.
Ese universo poblado de mundos, planos, espíritus, señales, acuerdos y signos era el universo animista de los seres humanos occidentales hace muchos siglos, igual que lo sigue siendo ahora entre los pueblos y tribus llamados "primitivos".
Don Juan, el chamán protagonista de los libros de Castaneda, dice que hace mucho tiempo los humanos podían percibir con sus diferentes posiciones del "punto de encaje"(posición del punto perceptivo) y así captaban lo existente a través del punto de la razón, pero también del conocimiento silencioso (ambos puntos diferentes posiciones). Muchos se quedaron prendidos del punto perceptivo de la razón y así empezaron a volverse quiméricas, cada vez más globalmente, el resto de las otras percepciones. Actualmente, los seres luminosos que somos (formados por "fibras luminosas que nos conectan y atraviesan) estaríamos opacos y empequeñecidos, y siempre anhelando algo que nos falta.
Según Don Juan, si se logra ver nuestra forma auténtica de huevos luminosos y todo lo que nos rodea, esa percepción nos libera del efecto devastador del dolor y los sentimientos negativos. Pero muy pocos lo logran, y no queda otra solución para vivir libres que el comportamiento como un guerrero. "El espíritu de un guerrero no está engranado para la queja, ni está engranado para ganar o perder -explica Don Juan-. El espíritu de un guerrero sólo está engranado para la lucha, y cada lucha es la última batalla sobre la tierra. De ahí que el resultado le importe muy poco. En su última batalla sobre la tierra, el guerrero deja fluir su espíritu libre y claro. Y mientras libra su batalla, sabiendo que su voluntad es impecable, el guerrero ríe y ríe".
"Un hombre común está demasiado preocupado con querer a la gente o con que le quieran a él. Un guerrero quiere, eso es todo. El quiere lo que o a quien quiere, por el gusto de hacerlo".
"Un guerrero vive actuando, no pensando en actuar, ni pensando en lo que pensará cuando haya terminado de actuar".
"Cuando un hombre se embarca en el camino del guerrero se hace consciente, de una manera gradual, de que la vida ordinaria ha sido dejada atrás para siempre. Los medios del mundo ordinario ya no son un amortiguador para él; y debe adoptar un nuevo modo de vida si quiere sobrevivir".
"Un guerrero debe amar este mundo, para que este mundo que parece tan corriente
se abra y revele sus maravillas".
"Sentirse importante le hace a uno pesado, torpe y vanidoso. Para ser un guerrero uno necesita ser ligero y fluido".
"El hombre común busca la certeza en los ojos del espectador y llama a eso confianza en sí mismo. El guerrero busca la impecabilidad en sus propios ojos y llama a eso humildad. El hombre común está enganchado a sus prójimos, mientras que el guerrero sólo depende de sí mismo. La confianza implica saber algo con certeza, la humildad implica ser impecable en los propios actos y sentimientos".

Cuestión de elección. Nada más ni nada menos. Camino plagado de avances y retrocesos, en el que "algo" dice que no hay que detener la marcha.
El guerrero, según enseña Don Juan, tiene que "parar el mundo". Para después derribarlo y reconstruirlo.
De eso se trata este parate en la radio.
A los escuchas, nos reencontramos en una semana.