09 julio 2006

La hora referí

Juro que lo intenté. Pero no pude. Hinchar por un árbitro es contranatura. Siempre son los villanos de la historia. Así lo aprendí al menos desde mi más temprana edad, cuando frente a la vieja TV blanco y negro, me sumaba a los abucheos del público a Wiliam Boo; ciertamente merecedor de la ira popular de quienes nos emocionábamos cuando Martín Karadagián volteaba a cortito limpio a la Momia Negra, pese a los fallos erróneos del árbitro, un verdadero maestro de la trampa.
Ni cuando le mostró la tarjeta roja a Zidane pude simpatizar con Elizondo; eso que la acción de sacar de la cancha a Zizou traía aparejada cierta cuestión políticamente incorrecta.
Pero ni ahí.
Se terminó el fucking Mundial. Por fin.
Parecería que todo tendría que volver a la normalidad, término tan absoluto y abstracto como irreal, dicho sea de paso.
La lluvia del sábado se llevó la humedad y el calor que nada tenían que hacer en julio; pero que de alguna manera rubrican lo anteriormente expresado.
Entonces sí. Ahora que volvimos a la normalidad, será cuestión de seguir como si tal cosa, atentos, en vigilia permanente hasta el próximo anuncio de que todo va a quedar patas para arriba.
Vaga vanidad de quienes no pueden oler al diablo, pero se cagan en su nariz.