El ojo blindado que me has regalado, me mira mal.
Los giros fueron tomando cierto impulso y la armonía se afinó mientras las partecitas parecen tener la intención de formar un todo. Bah, siempre articulan figuras; aunque por vanidades mal conjugadas la vayan de gotas kamikazes a contramano en el chaparrón.
Este jueves frío en la ciudad cuadrada, El Bolillero se puso fóbico. Hablamos de fobias y sonaron canciones temáticamente acordes.
Cuando tiré las primeras palabras del día -momento clave para saber cómo va a caer la taba-, saludó el augurio del duende danzarín con su pata de palo tan singular.
El primer tema que sonó fue Espirales de Don Cornelio y la Zona; se le pegó Sumo con Lo quiero ya. Dos miradas aromatizadas con la ansiedad, paranoia y rapidez tan propia de los ochenta.
Un diccionario de fobias encontrado en la web -ese gran útero posmoderno donde no es posible no encontrar lo que se busca- bastó para ver la cantidad de patologías existentes. Una rápida lectura sólo por la A y B, sobró para no sentirse tan bicho raro en este mundo, actitud tan adolescente de la que cuesta despegarse.
La aplanadora del rock le siguió dando forma musical al asunto: Zombie, La ñapi de mamá y Vida de topos. Fobias sociales, individuales; miradas para afuera y para adentro, enfrascadas en el mejor envase: el rocanrol gaucho made in Hurlingam.
Pensar que hasta no hace mucho, la paranoia era la ambrosía de algunos amigos. Guerra contra el terrorismo mediante, no ser paranoico es como no existir. The New York Times recibió en su redacción un sobre con polvo blanco. ¡Antrax!, gritaron todos. No. No era Antrax.
Hay una entidad que se encarga de atender fobias. Algo así como Alcohólicos Anóminos o Gordos ídem. Hablamos con el vicepresidente. Y me enteré de casos muy locos.
Talking Heads, David Bowie, Magazine, del lado de allá.
De acá no podían faltar Los Redondos: Motor-psico, La parabellum y Amnesia del Indio Solari en plan solista (de quien dicen que en esos sonidos descansa un tal Patricio Rey).
Y el Mojarra fue el encargado de cruzar la vereda. Entrevistó a un parapsicólogo, que, en claro, dijo que no hay que tenerle fobia a los sahumerios (!).
Y si el tema son las fobias, otro que se caía de maduro era Charly García: Rap de las hormigas.
El destino es guacho. Pero no le erra cuando juega cartas fuertes. Era el día para que reapareciera Chicharra. Si no hoy, ¿cuándo? Broche de oro, con esa lucidez que alumbró buena parte de la contracultura local en aquellos raros setentas.
Sigue girando. La Santa ajusta hasta el mínimo detalle y aterciopela los instantes. Si El Bolillero fuera una banda, Ale sería el bajista y, si me apuran, afirmo que también el batero: es la pared en la que descansa el sonido de este viaje radial que piloteamos desde hace cinco años en las mañanas de Universidad 107.5.
Fóbicos, sin Clonazepán. ¿El soma para sentirnos felices en este mudno de principio de siglo XXI?
03 agosto 2006
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