¿Qué se pide cuando se reclama por mayor seguridad?
Históricamente, la respuesta es mayor represión. Aumento de penas, variaciones en la edad de imputabilidad, restricciones a las libertades individuales. Un amplio abanico de opciones para una misma receta: sostenidos en el miedo que provocan los delitos contra la propiedad y las personas, ofrecen soluciones que son placebos cuando no factores de multiplicación de lo que se supone combaten.
¿Quiénes reclaman "mayor" seguridad?
En un terreno fangoso a la hora de presentar argumentaciones coherentes, los defensores de la mano dura llevan clara ventaja en cuanto a la paternidad del discurso. Sin mostrar el verdadero objetivo de la movida, el argumento les juega decididamente a favor: el otro es un enemigo que acecha constantemente, esperando el momento para atacarnos, robarnos, matarnos, violar a nuestras mujeres y torturar a nuestros pequeños hijos. Por eso, la Ley debe caerle con todo su peso. Ahora bien. ¿Quién es el otro? Para mí sos vos. Y para vos, soy yo.
El miedo ayuda a disipar las dudas y empuja para adelante en busca de soluciones mágicas. Girar el picaporte para abrir las puertas de entrada al paraíso perdido.
Blumberglandia
En vísperas de una nueva marcha convocada por el último referente de esta corriente ideológica, vale repasar algunos de esos postulados cuando son llevados a la práctica.
En plena ola de secuestros extorsivos en la provincia de Buenos Aires, Juan Carlos Blumberg encabezó otra avanzada del sector. Amparado en su dolor de padre argentino que perdió un hijo en manos de salvajes delincuentes ante la inoperancia de las autoridades, se erigió en poco menos que un "Restaurador" y logró que se apruebe un paquete de leyes de "mano dura".
Personalmente, siguió las sesiones de un Congreso bamboleante aún por los ecos de las cacerolas y con los oídos saturados del "que se vayan todos". Blumberg anotaba los nombres de los legisladores que pronunciaban discursos contrarios a su demanda.
Escondidos tras la figura del redactor del nuevo testamento según Hitler asomaron un par (de hasta no hacía mucho tiempo protagonistas) escribas del sector: el ex gobernador bonaerense pelado, convertido en diputado con pelo, Carlos Ruckauf (el de “meter bala a los delincuentes”) y su ex ministro, también diputado, Jorge Casanovas.
Dos años después de sancionado el paquete de reformas ¿hay más sensación de seguridad? ¿Disminuyeron los índices delictivos?
Una vez más, frente a la misma encrucijada que plantea un falso dilema. La discusión no pasa por reformar leyes o sacar más policías a la calle.
Quizá se trate de modificar las situaciones sociales que serían el caldo de cultivo para los delitos. Dicho esto en potencial, porque hasta el momento, esta receta, lejos de ser aplicada, ni siquiera figura en el menú que proponen nuestros chefs.
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