02 septiembre 2006

Mañana...

¿Viste esos momentos en los que todo se suma como para conjugar un basta fuerte?
Hace un par de años empecé a masticar la idea de que uno funciona con una especie de chimenea o caño de escape. Tira un humo, perfume del momento.
Es que la autoindulgencia tiene su propio caleidoscopio. Cuando la sandía entiende que se rompe por sandía y no por culpa del empedrado, el siguiente espejismo es el de hacerse cargo de todo. Y todo es todo. Hasta aquello cuya misma evidencia señala el error.
En fin. Como sea. En momentos como esos, los puntos sueltos en el papel son unidos por un trazo y muestran el peor perfil.
Así, la mañana se pone camorrera en serio. Y la sandía, preocupada en zafar del espejismo, encima tiene que soportar la prepotencia del empedrado. La carreta se bambolea.
¡Zas! ¡Pum!
La piedrita que tiró con bronca astilló el vidrio de la ventana rota. En el can-can furioso las víboras tiran mordiscones para todos lados. ¿Ataque o defensa de las plumas imaginarias que creen lucir en ese puto holograma de vanidades, la pasarela del espejito-espejito?
Ya sabemos que también juego al primero yo. Pero al menos no me carteo.
(y por acá sigue haciendo frío, el mismo que va a venir para quedarse y al que creo esconderle la cara mintiendo peleítas por el estilo)

Los guardianes del crepúsculo
saben de mí padecer,
me aconsejan despegar
mi nave a tiempo
y desde el aire saludar, saludar.
Los que sufren
ya casi no duermen,
el insomnio orienta mi mal.
Es por eso que nadie me quiere
mucho menos me pueden amar.
Convivo el placer
lo demás me da igual.
Y aun me seas falso,
es mí única verdad.
Los guardianes del crepúsculo
saben de mi padecer,
me aconsejan despegar
mi nave a tiempo
y desde el aire saludar, saludar.
No seas tonto,
no sigas mi ejemplo,
yo no tuve oportunidad.
No me gustan las leyes del juego
mucho menos me gusta jugar.
Los guardianes del crepúsculo
saben de mí padecer,
me aconsejan despegar
mi nave a tiempo
y desde el aire saludar, saludar.