28 agosto 2006

Sheriff

¿Qué se pide cuando se reclama por mayor seguridad?
Históricamente, la respuesta es mayor represión. Aumento de penas, variaciones en la edad de imputabilidad, restricciones a las libertades individuales. Un amplio abanico de opciones para una misma receta: sostenidos en el miedo que provocan los delitos contra la propiedad y las personas, ofrecen soluciones que son placebos cuando no factores de multiplicación de lo que se supone combaten.
¿Quiénes reclaman "mayor" seguridad?
En un terreno fangoso a la hora de presentar argumentaciones coherentes, los defensores de la mano dura llevan clara ventaja en cuanto a la paternidad del discurso. Sin mostrar el verdadero objetivo de la movida, el argumento les juega decididamente a favor: el otro es un enemigo que acecha constantemente, esperando el momento para atacarnos, robarnos, matarnos, violar a nuestras mujeres y torturar a nuestros pequeños hijos. Por eso, la Ley debe caerle con todo su peso. Ahora bien. ¿Quién es el otro? Para mí sos vos. Y para vos, soy yo.
El miedo ayuda a disipar las dudas y empuja para adelante en busca de soluciones mágicas. Girar el picaporte para abrir las puertas de entrada al paraíso perdido.
Blumberglandia
En vísperas de una nueva marcha convocada por el último referente de esta corriente ideológica, vale repasar algunos de esos postulados cuando son llevados a la práctica.
En plena ola de secuestros extorsivos en la provincia de Buenos Aires, Juan Carlos Blumberg encabezó otra avanzada del sector. Amparado en su dolor de padre argentino que perdió un hijo en manos de salvajes delincuentes ante la inoperancia de las autoridades, se erigió en poco menos que un "Restaurador" y logró que se apruebe un paquete de leyes de "mano dura".
Personalmente, siguió las sesiones de un Congreso bamboleante aún por los ecos de las cacerolas y con los oídos saturados del "que se vayan todos". Blumberg anotaba los nombres de los legisladores que pronunciaban discursos contrarios a su demanda.
Escondidos tras la figura del redactor del nuevo testamento según Hitler asomaron un par (de hasta no hacía mucho tiempo protagonistas) escribas del sector: el ex gobernador bonaerense pelado, convertido en diputado con pelo, Carlos Ruckauf (el de “meter bala a los delincuentes”) y su ex ministro, también diputado, Jorge Casanovas.
Dos años después de sancionado el paquete de reformas ¿hay más sensación de seguridad? ¿Disminuyeron los índices delictivos?
Una vez más, frente a la misma encrucijada que plantea un falso dilema. La discusión no pasa por reformar leyes o sacar más policías a la calle.
Quizá se trate de modificar las situaciones sociales que serían el caldo de cultivo para los delitos. Dicho esto en potencial, porque hasta el momento, esta receta, lejos de ser aplicada, ni siquiera figura en el menú que proponen nuestros chefs.

22 agosto 2006

Puzzle de apertura

Pieza 1
Ni bien asoman los primeros nubarrones, el lamento por la falta de paraguas, piloto, botas..., protección contra lo que se decodifica como posible llovizna, chaparrón o tormenta. De mayor o menor intensidad, pero mal tiempo al fin y al cabo a juzgar por las percepciones prefijadas.
¿Y si hacemos el intento de mirar esas pompas de algodón que recortan siluetas en el paño celeste? Por más que muestren caras hostiles. Vengan de a muchas.
¿Por qué no? Después, es posible que muten a mensajes cifrados. Escanear el lenguaje para la nueva información, mientras el carozo del asunto muestra otro pliegue de su abanico del averno.
Estar en la escena. Elemental...

Pieza 2
Post "Es una boludez..."
Ciegos por el diezmo (Babasónicos)
Es hora de levantarse, querido! (Los Redó)

Pieza 3
La ricota siempre cayó pesada. Atomiza, encripta, disfraza.
Errar la huella es parte del camino del amateur. Para seguir en busca de la puerta que hay que abrir, todo buen aprendiz debe saber encontrar el momento de detenerse a descargar el peso sobrante: pretendidas certezas (como si hubiera que marchar convencidos de que una vez girado el picaporte, se abrirá...)
¿De ahí la pulsión de coleccionar talismanes?

La búsqueda de la estrella (Luis Alberto Spinetta)

Pieza 4
Momento de transición para Luis Alberto Spinetta. Sí, era posible ser rockero en la Argentina. ¿Y ahora qué pasa? Si consideramos a los objetivos como medios y no como fines, una vez conseguidos hay que dar un nuevo paso. De eso trata esa grabación registrada en 1970, obligada por compromisos contractuales con una discográfica empeñada en seguir ordeñando la ya seca teta de Almendra.

Ni cuenta te das (Luis Alberto Spinetta)

17 agosto 2006

Es una boludez...

Tu negocio es difícil de explicar, pero fácil de enseñar si dormiste bien

Si fuera tan fácil como muestran en los programas y canales especializados, todos seríamos gourmet.
Las recetas se presentan más o menos evidentes (según las horas y calidad del descanso).
Los ingredientes no son secretos, ni tampoco existe el condimento mágico que por sí solo transforme al revuelto en ambrosía.
Un amanecer reflejado en tus ojos. Aquella canción. La aguja del reloj que se comió un tic y repitió dos tac. Encontrar una flor en el chiquero. Ver colores.
Claro, así, puesto en estas palabras, sí que es fácil.
El brillo. Esa es la miguita de pan que nunca encuentra el ejército cuya única razón de ser es que Hansel y Gretel no encuentren el camino de regreso a casa.
Encima, en este cuentito, el protagonista no desea volver. Simplemente porque no pertenecer implica no tener lugar de referencia. Entonces, las miguitas que se dejan caer tienen otro significado. ¿Tienen significado?

14 agosto 2006

Destino bingo tongo

El mal gusto encalló. Esos benditos ecos de reputalandia trip que hacen perder el paso hasta en la mejor de las comparsas. ¿En qué pantalla mirás a tus muertos?
Mientras cuestiones por el estilo asaltan por sorpresa y se hacen sentir a la altura de la boca del estómago (me cago en mis huesos que gastan la pana mojada en vinagre de nostalgia), la farsa continúa su representación lo más pancha. ¿O acaso pensabas que iba a detenerse por boberías tan infantiles?
Los relojes que miden el tiempo de las escenas están sincronizados de un modo tal que es imposible no creer en una mano enguantada que ajusta las agujas. Nada supraterrenal, desde ya, aunque de humano tenga poco.
Cuando era inminente la pronunciación de la ONU sobre el cese del fuego en Oriente Medio (33 días tarde), nos desayunamos con que se abortó una intentona terrorista que habría cobrado miles de vida, haciendo estallar por los aires y en el aire a unos cuantos aviones.
El mal está ahí nomás para mostrar sus dientes sobre las buenas conciencias que sólo quieren vivir tranquilos comprando chucherías electrónicas. Demasiado parecido a los escenarios de 1984 de Orwell o al de V de venganza. Ambos montados sobre una futura Inglaterra. ¿Casualidad?
¿Y por casa? la comedia criolla sigue destilando cleptocracia por doquier. ¿Alguien se acuerda del que se vayan todos de hace un lustro? Nadie se fue. Todos se quedaron y amagan con adecuar cuanta ley sea necesario como para seguir estando.
Una polilla que va en busca de la luz no mide cuando se revienta el coco una y otra vez contra el vidrio. Pero duele.
Tanto como dejar un killer rif en el contestador y encarar la ruta, puteando por lo bajo, con pases de chabona y lágrimas.

08 agosto 2006

Pavo real (demasiado real)

A veces, la voz se siente como pez en el agua cuando se prende la luz roja y se manda, sin red, boya ni horizonte, a navegar lo más pancha por ese charquito siempre irresistible para los de afuera, hasta que las primeras olas rompen a la altura de la nariz. Y en eso, sutilmente, deja entrever el despliegue de plumas multicolores con las que se vanagloria en el gallinero y se pasea lo más campante frente a los pollitos (aspirantes a gallos, pero lejos del espolón).
Cosa difícil de hacer, como volver a la vida peces y que así puedan nadar otra vez en mi sopa de pescado.
Lo pasado pisado aunque el piecito nunca se haga cargo (es que a veces ni lo sospecha) de haber depositado la suela en la huella. Esa vieja sensación de descubrirse en algún punto del camino y preguntarse cómo se llegó hasta ese lugar. ¿Y esas pisadas, tan parecidas a las mías?
Más allá de los pescaditos, que una vez que cambiaron de estanque no quieren saber nada con retomar viejos cauces.
El campo está minado de cuestiones como esas, imperceptibles por lo demás para quienes se creen capaces de sembrar bombas. Pobres almitas monocromáticas condenadas a la violencia por no percibir los colores.
Pero, dicen, no hay peor ciego que el no quiere ver.
Mientras tanto, El Bolillero gira. Y sigue girando.

03 agosto 2006

De fobias y fobietas

El ojo blindado que me has regalado, me mira mal.
Los giros fueron tomando cierto impulso y la armonía se afinó mientras las partecitas parecen tener la intención de formar un todo. Bah, siempre articulan figuras; aunque por vanidades mal conjugadas la vayan de gotas kamikazes a contramano en el chaparrón.
Este jueves frío en la ciudad cuadrada, El Bolillero se puso fóbico. Hablamos de fobias y sonaron canciones temáticamente acordes.
Cuando tiré las primeras palabras del día -momento clave para saber cómo va a caer la taba-, saludó el augurio del duende danzarín con su pata de palo tan singular.
El primer tema que sonó fue Espirales de Don Cornelio y la Zona; se le pegó Sumo con Lo quiero ya. Dos miradas aromatizadas con la ansiedad, paranoia y rapidez tan propia de los ochenta.
Un diccionario de fobias encontrado en la web -ese gran útero posmoderno donde no es posible no encontrar lo que se busca- bastó para ver la cantidad de patologías existentes. Una rápida lectura sólo por la A y B, sobró para no sentirse tan bicho raro en este mundo, actitud tan adolescente de la que cuesta despegarse.
La aplanadora del rock le siguió dando forma musical al asunto: Zombie, La ñapi de mamá y Vida de topos. Fobias sociales, individuales; miradas para afuera y para adentro, enfrascadas en el mejor envase: el rocanrol gaucho made in Hurlingam.
Pensar que hasta no hace mucho, la paranoia era la ambrosía de algunos amigos. Guerra contra el terrorismo mediante, no ser paranoico es como no existir. The New York Times recibió en su redacción un sobre con polvo blanco. ¡Antrax!, gritaron todos. No. No era Antrax.
Hay una entidad que se encarga de atender fobias. Algo así como Alcohólicos Anóminos o Gordos ídem. Hablamos con el vicepresidente. Y me enteré de casos muy locos.
Talking Heads, David Bowie, Magazine, del lado de allá.
De acá no podían faltar Los Redondos: Motor-psico, La parabellum y Amnesia del Indio Solari en plan solista (de quien dicen que en esos sonidos descansa un tal Patricio Rey).
Y el Mojarra fue el encargado de cruzar la vereda. Entrevistó a un parapsicólogo, que, en claro, dijo que no hay que tenerle fobia a los sahumerios (!).
Y si el tema son las fobias, otro que se caía de maduro era Charly García: Rap de las hormigas.
El destino es guacho. Pero no le erra cuando juega cartas fuertes. Era el día para que reapareciera Chicharra. Si no hoy, ¿cuándo? Broche de oro, con esa lucidez que alumbró buena parte de la contracultura local en aquellos raros setentas.
Sigue girando. La Santa ajusta hasta el mínimo detalle y aterciopela los instantes. Si El Bolillero fuera una banda, Ale sería el bajista y, si me apuran, afirmo que también el batero: es la pared en la que descansa el sonido de este viaje radial que piloteamos desde hace cinco años en las mañanas de Universidad 107.5.
Fóbicos, sin Clonazepán. ¿El soma para sentirnos felices en este mudno de principio de siglo XXI?