07 abril 2007

Crónicas mudas (insert): un baión para el ojo idiota

La nueva edición del popular concurso chino en busca de talentos musicales, equivalente al español Operación Triunfo o al estadounidense American Idol, no podrá contener "extravagancias, ni vulgaridad, ni mal gusto", según una directriz divulgada hoy en la web del Gobierno.
Prohíbe además la participación de artistas "escandalosos" y "polémicos" y los comentarios humillantes por parte de los jueces.
"Qué suerte no trabajamos en la TV china", suspiran aliviados Marcelo Tinelli, Iliana Calabró, Rodolfo Ranni, Florencia de la V y Don Gerardo, entre otros.
La directriz del gobierno chino se enmarca dentro de una campaña contra la moda de los reality shows en el país, que según los responsables públicos fomentan la vulgaridad y el mal gusto.
Dicen que en este rincón del pañuelo, los pibes de Gran Hermano no entendieron que era "vulgaridad", pero cuando la producción del reality de Telefé les alcanzó un diccionario para que evacuaran su duda, tampoco supieron para qué servía semejante pedazo de libro.
"No llegué hasta acá leyendo justamente", habría asegurado una participante (que tras estar sólo una semana en la casa fue tapa de edición argentina de reputada revista para adultos y ahora, otra vez encerrada con esa manga de pelotudos ve cómo pierde importantes sumas de dinero), ofuscada y negándose a agarrar el Larrouse que le alcanzaba el participante que se apoda como el personaje de Vicente Larrusa en Polémica en el Bar.

06 abril 2007

Crónicas mudas: insert con polaroid paranoide

Ojo. Te miran. Nos miran. Saben lo que hacemos. Lo que hicimos queda registrado.
A la ciencia ficción le dejaron los próximos quince minutos para que proyecte cómo será cuando se sepa lo que estamos por hacer.
La distopía le birla las últimas pelusas en los raídos bolsillos de lo que alguna vez fue utopía.
La Torre de Londres será equipada con cámaras con altavoces. Además de filmar, la policía podrá dar órdenes y advertencias. Los aparatos ya fueron probados, y según las autoridades birtánicas ayudaron a prevenir crímenes y daños en los edificios.
Allí, en la ciudad en la que George Orwell proyectó 1984, una nueva tecnología invocando el santo y seña de la Madre Seguridad empuja el límite de lo privado.
Las calles en la que Winston comenzaba a amasar su odio contra el Gran Hermano (que todo lo ve), son hoy las más vigiladas del mundo. Con un promedio de una cámara cada 14 personas, existe la probabilidad de que un individuo pueda ser captado 300 veces al día.
Y esa sensación que comienza a insinuarse (que fue una de las causas que llevaron a Julia y a Winston a creer que podía respirarse otro aire) responde sólo al sistema de cámaras de video.
Se estima que los datos de todo adulto que trabaja en Gran Bretaña están almacenados en 700 bases de datos del reino.
El año pasado, un estudio publicado por Surveillance Society estableció que en 2016 la población será escaneada cuando entra a un negocio, los padres podrán monitorear a sus hijos en el colegio mediante cartas electrónicas y ofertas de trabajo serán negadas a ciertos solicitantes por considerarlos un riesgo de salud.
¿Los primeros pasos en el laberinto que llevaron a...

"Nosotros somos los muertos -dijo Winston.
-Nosotros somos los muertos -repitió Julia con obediencia escolar.
-Ustedes son los muertos -dijo una voz de hierro tras ellos.
Winston y Julia se separaron con un violento sobresalto. A Winston parecían habérsele helado las entrañas y, mirando a Julia, observó que se le habían abierto los ojos desmesuradamente y que había empalidecido hasta adquirir su cara un color amarillo lechoso. La mancha del colorete en las mejillas se destacaba violentamente como si fueran parches sobre la piel.
-Ustedes son los muertos -repitió la voz de hierro.
-Ha sido detrás del cuadro -murmuró Julia.
-Ha sido detrás del cuadro -repitió la voz-. Quedénse exactamente donde están. No hagán ningún movimiento hasta que se los ordene.".

04 abril 2007

Crónicas mudas: la rebelión de los caños

Día 10
Y no habría porque andar queriendo cambiar de amuletos o repasando la secuencia una y otra vez, minuciosamente, en busca del momento exacto en que la taba se dio vuelta.
Lo del caño parecía fácil. Sólo había que comprar uno nuevo y cambiarlo. Y con ese cometido salió el encargado, llamemosle Carlos.
Cuando volvió seguía lloviendo. Aunque en realidad no sé a ciencia cierta cuándo fue que empezó a llover, pero queda la sensación de que eso ocurrió unas cuantas vidas atrás.
Sin poder fumar y encima con la fucking dieta sin infusiones ni harinas, lo único que puedo hacer es asaltar la heladera en busca de frutas varias. En una de esas incursiones estaba cuando me sorprendió una puteada de Carlos, digna de ser cronometrada. Al rosario de epítetos le siguió un chorro de agua, como esos que tiran los bomberos en la cancha cuando hace calor.
"Se rompió el chicote", dijo. De allí en más el, para mí, neologismo "chicote" sería pronunciado unas tres veces más, cada vez que se rompía uno nuevo.
Resulta que el tal chicote, que, creí entender, viene a ser algo así como la pieza que une al flexible con el caño de la pared, además de romperse, demostraba que su punto de unión con el ya nombrado flexible, o sea el caño de la pared, ya había transitando sus últimos instantes de vida útil.
Cada vez que Carlos apretaba el chicote en cuestión, un pedazo de caño menos.
A romper la pared. Desde el calefón hasta el bajo mesada, "así la unión la hacemos ahí y listo", explicó.
A los monorrítmicos mazazos consiguientes, se le sumó la contaminación visual casuada por la superpoblación de escombros mezclados en agua (porque la llave de paso está falseada y siempre "un poco va a caer") y el rastro de Carlos cuando iba en busca de alguna herramienta que le faltaba...
Ya era mediodía. La mañana estaba perdida. Seguía lloviendo y todavía no se vislumbraba solución a lo que empezó como una pérdida de un caño y ya llevaba prácticamente media cocina entre demolida y evacuada.
Pero no había porque intentar descubrir el gualicho.
"Lo vamos a tener que terminar mañana", me dice. A su alrededor, el paisaje recuerda a Bagdad tras la invasión de EEUU en 2003.